Interrail·Viajes

mi primer interrail por Europa

Ya hace cuatro años desde que hice mi primer interrail por Europa. En septiembre del año 2006, en mis primeras vacaciones laborales, emprendí mi viaje por Francia, Bélgica y Holanda. En esa época, recorrer Europa en tren no era tan conocido y la forma de organizar, pagar y disfrutar del viaje era bastante diferente a como se hace en este momento.

El punto de partida era la frontera francesa, pero antes había que llegar a ella. Desde Granada, donde vivía, cogí el tren hotel y  viajé toda la noche hasta Barcelona. Desde allí, al día siguiente  continué hasta Port-Bou. Aquí comenzaba mi gran viaje.

La primera parada marcada en el mapa era Cascarsona. Una ciudad francesa con una cuidada ciudadela medieval amurallada y con un río que cruza la ciudad. Me encantó ver atardecer desde la muralla, con las bonitas vistas hacia el horizonte.

El albergue juvenil estaba situado dentro de la ciudadela medieval, de forma que pude disfrutar de las estrechas calles, de las pequeñas plazas y de las zonas más turísticas de Carcasona sin a penas moverme de allí.

Cité medievel

Al día siguiente, continué la ruta hacia Tours, que está muy cerca de Paris. Es un largo viaje, que supone cruzar media Francia. El objetivo de ir a esta ciudad es visitar a mis amigas y antiguas compañeras de piso. El viaje fue maravilloso, lleno de grandes bosques, enormes ríos y un paisaje espléndido salpicado de pequeñas poblaciones, viñedos y cultivos. Realmente lo disfruté aunque fue un trayecto de más de cinco horas.

Tours es una ciudad impresionante, bañada por el río Loira, en una de las zonas más bonitas de Francia. Todo el valle del Loira es conocido por sus bodegas y por sus castillos.  Pasear por la ciudad fue genial como diría Julia, casa típicas, terrazas llenas de gente, música, tiendas, y a cada paso algo para fotografiar. Además, allí me esperaba una agradable sorpresa: ¡celebrar mi cumpleaños!

Ayuntamiento de Tours
Catedral de Tours

Al día siguiente, visitamos el castillo de Ambiose, no es uno de los más conocidos ni muy grande, la verdad es que es mucho más bonito desde fuera que por dentro, pero aún así, estuvo interesante visitarlo.

Castillo de Amboise

La siguiente visita que me tenían preparada mis amigas era la casa de Leonardo Da Vinci, llena de inventos. Lo que más me gustó estaba en los grandes jardines exteriores, se trataba de grandes artilugios que giraban, seguramente para explicar algún postulado científico.

Casa Leonardo Da Vinci
Invento de Da Vinci

Por último, por la noche cenamos algo típico francés, y no, no fue crêpes. Fue algo totalmente nuevo para mí “raclette”, (que me perdonen los franceses pero he olvidado cómo se escribe). Consiste en utilizar pequeñas (mini) sartenes individuales donde pones un poco de patata, jamón cocido y queso para fundir y lo metes en una plancha especial que se sitúa en el centro de la mesa. Es algo divertido, pero lento y poco aconsejable si tienes hambre de verdad. Además, esta noche pasará a la historia porque fue la primera vez que comí caracoles (gordos y aliñados con mantequilla y perejil) saben bastante sosos, pero comí, todo un logro. Fue la primera y la última vez. jejejeje.

"Raclette"

Al día siguiente, Paris me esperaba.

(continuará)

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