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Un día en Las Alpujarras granadinas

No es la primera vez que visito Las Alpujarras, pero hacía bastante tiempo desde la última vez. Salimos de casa a media mañana, un día bastante nublado y frío, con la intención de ir a pasar el día a Órgiva, comer en un restaurante que nos encanta, pasear por sus calles…

Al ser día festivo, no fuimos los únicos con esos planes. La carretera, estrecha y llena de curvas, era un continuo de coches subiendo. El primer pueblo que te encuentras es Lanjarón. Su calle principal está plagada de tiendas de souvenirs y turistas extranjeros y del Imserso, atraídos por su famoso balneario. Allí descubrí, asombrada, que ahora hay un enorme hotel de cuatro estrellas junto al balneario, con un aspecto moderno y flamante.

Tras pasar Lanjarón, donde la importancia del agua está presente en cada esquina con muchas fuentes repartidas por sus estrechas calles, la carretera se hace un poco más estrecha y sinuosa. Con unas vistas espectaculares, vamos ascendiendo por la sierra.

Conforme vamos tomando altura, las nubes van formando distintas siluetas que adornan el horizonte enmarcado por las altas cumbres de la sierra.

Como era temprano para comer, decidimos no quedarnos en Órgiva sino seguir subiendo hasta Capileira. Y como nosotros, otros 30 coches más, que en caravana avanzábamos lentamente.

Las Alpujarras granadinas estaban llenas de visitantes que, aprovechando el día festivo y el puente, habían optado por hacer turismo rural.

Pampaneira y Bubión, antes que Capileria, respiraban vida, ajetreo y cierta saturación de coches y visitantes que llenaban terrazas y miradores.

Capileira y sus pueblos vecinos son famosos por sus características chimeneas. Calles estrechas con casas encaladas y sus típicos tejidos alpujarreños conforman una pintoresca estampa que atrae a cientos de turistas a la zona.

Tras pasear por el pueblo, tomar una tapa y degustar unos exquisitos piononos recién hechos en la panadería local, estuvimos comiendo en un restaurante el tradicional plato alpujarreño compuesto por: patatas a “lo pobre”, chorizo, morcilla, jamón serrano, pimiento verde y huevo frito. Un plato contundente, especialmente pensado para los días de frío en invierno.

A continuación, disfrutamos de las maravillosas vistas del valle que bajo nosotros se extendía entre nubes. Para ello, subimos tres kilómetros más arriba del pueblo, entre encinares.

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