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Escapada a Cabo de Gata, Almería

Dos parejas, un coche y dos tiendas de campaña. Por delante, cuatro días para escapar de la rutina, para tostarnos bajo el sol y descubrir unas playas paradisíacas.

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Primer viaje juntos de los cuatro, pero territorio conocido para las chicas del grupo, que hace justo seis meses fuimos a Cabo de Gata en busca de paz y descanso interior, en unas circunstancias muy diferentes a las que ahora, en un momento dulce de nuestras vidas, nos llevan a repetir el viaje en muy buena compañía, felices y enamoradas.

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En esta ocasión, aprovechando que disponíamos de más días, hemos aprovechando para conocer y disfrutar de nuevas playas. La primera tarde, tras instalarnos en “nuestra” parcela, ya que hemos estado en la misma que estuvimos en septiembre, y nuestro ya tradicional chapuzón en la piscina antes de comer, decidimos ir a la playa del Mónsul, famosa por su arena finísima negra con mineral de hierro, su roca en uno de sus laterales y por ser protagonista de uno de los videoclip del cantante almeriense David Bisbal.

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Para acceder a la playa hay que caminar un pequeño camino desde el aparcamiento. En temporada alta, el acceso en vehículo esta restringido previo pago de 5€. Así que como en la otra ocasión nos quedamos con las ganas, esta vez, de forma gratuita hemos accedido.

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Primer baño en aguas almerienses y primera tarde tumbados al sol, solo entorpecido por el fuerte viento que levantaba la fina arena haciendo incómoda la estancia. Tras varios paseos por la playa, el peñón y las dunas, decidimos ir a la playa de los Genoveses, que al igual que la playa del Mónsul, tiene el acceso restringido en pleno verano.

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Se trata de una playa amplia y larga, que al caer la tarde estaba tranquila. De arena fina y dorada, se trata de una zona perfecta para disfrutar de un día sol y mar. En esta ocasión, no nos bañamos porque el viento no invitaba a ello, pero disfrutamos como enanos haciendo fotos y jugando en la arena.
A continuación, y ya de camino al camping, hicimos una parada en San José, para terminar de ver el ocaso del día.

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Al día siguiente, la Playa de los Muertos nos esperaba.

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Ninguno de nosotros había estado nunca, pero su fama le precede. Se trata de una playa de la zona de Carboneras, cuyo acceso no es apto para todos lo públicos. El coche se deja a más de un kilómetro de distancia de la playa y para acceder hay que bajar una cuesta escarpada y en algunos tramos empinada.
Se recomienda no llevar mucho peso, elegir calzado adecuado y sobre todo, no tener prisa. Sin embargo, ahí íbamos nosotros, senderistas de pro, unos con chancletas, otros con la nevera y otras con la sandía debajo del brazo. Quién dijo miedo?
Y mereció la pena, y mucho. Un estupendo día de playa en un entorno natural incomparable de aguas turquesas, rocas y pozas de agua salada y una arena de pequeñas piedrecitas redondeadas que permitía andar y descansar sin que la brisa fuera un problema.

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Un día estupendo para nadar y bucear con las gafas y las aletas. Para bañarse en pareja en las pozas y para disfrutar de nuestra sandía fresquita bajo el sol. Fue un día estupendo.
A media tarde, armados de valor, recogidos todo y decidimos ir a la playa de las Negras, que está cerca y nos pillaba de camino de vuelta.
Subir la cuesta en busca del coche no se hizo tan duro como habíamos imaginado. Pero desde luego, una vez arriba, entendemos por qué hay una caravana vendiendo refrescos sin parar. “Última oportunidad para comprar pan, refrescos y cerveza” pone en un cartel justo al empezar a bajar a la playa, y es que una vez abajo, no creo que nadie se anime a subir a por una lata de cerveza.

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Al atardecer, la playa de las Negras no invitaba al baño, sin embargo pasamos un estupendo rato componiendo mosaicos con las piedras sobre la arena y haciendo fotos. Aprovechamos también para ver de cerca el molino que preside la entrada del pueblo.

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Viernes por la noche, tras un estupendo día de playa, con hambre, pensamos que nos merecíamos cenar una pizza del restaurante del camping y luego una copa en nuestra parcela, al fresquito, disfrutando de la noche. Y ahí comenzó nuestra particular gymkana.
Llegamos “demasiado tarde” a encargar la comida, ya que la cocina cerraba a las diez de la noche. Algo difícil de comprender en junio, viernes y con el camping casi lleno. Qué hacer?

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Momentos de indecisión y rápidamente en marcha. Gracias a las nuevas tecnologías, buscamos alternativas, pizzerías cercanas…cerradas…mmm “salimos y ya encontraremos algo abierto…son las once…a las doce cierra la barrera de acceso con vehículos al camping…” un, dos, tres,…salimos dirección a San José y en tiempo récord encargamos y recogimos dos deliciosas pizzas italianas y llegamos con tiempo de sobra para meter el coche en la parcela. Prueba superada y la recompensa fue una cena estupenda.

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El sábado lo queríamos dedicar a Cabo de Gata, visitar el faro, la zona rocosa que hay justo bajo el faro y bañarnos en la inmensa playa de La Fabriquilla.

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Además, aunque soplaba viento, el mar estaba en calma, ideal para bucear y nadar.
Fue una gozada estar de nuevo en esa zona, entre rocas y bancales de arena.
Por las características del fondo, es un lugar estupendo para que se refugien todo tipo de animales acuáticos. Las rocas están llenas de erizos, algunos de colores, caracolas y plantas.

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En el fondo se pueden ver pepinos de mar, tomates marinos, peces de diferentes especies, cangrejos escondidos entre las piedras y vimos dos pulpos!! Cogerlos no fue fácil, pero he de decir que cuando me lo dieron, tan pequeño, con ese tacto viscoso y notar cómo se me agarraba con las ventosas de sus tentáculos… Pensé en si sería capaz de volver a comer pulpo a la gallega sin acordarme de nuestro pequeño pulpo Paul. Eran crías y probablemente sus progenitores estuvieran también por allí, bien escondidos.

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Disfrutamos de lo lindo, cada uno haciendo la actividad que más le gustaba, ya fuera buzear y ver el fondo marino y las diferentes especies, tomar el sol, bañarse o simplemente disfrutar de la maravilla del lugar, con las olas rompiendo en la barrera de rocas.

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Para finalizar el día, estuvimos también en las salinas, en la zona de avistamiento de aves, viendo flamencos. Y volvimos relativamente pronto al camping, a tiempo para disfrutar un rato de la piscina antes de descansar y preparar nuestra última cena allí. Qué rápido pasa el tiempo cuando te lo estás pasando en grande!

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La última mañana la dedicamos a explorar la zona de los Escullos, la Isla del Moro y la playa del Arco, dónde ya habíamos estado nosotras y sabíamos que merecía la pena volver. Nuestros chicos disfrutaron del gran fósil blanco, haciendo mil fotos y también pudimos bañarnos y tomar el sol un rato (el suficiente para volver del color de moda de este verano: rojo gamba)

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Y como todo lo bueno se acaba, volvimos cansados pero con la agradable sensación de haber aprovechando al máximo el tiempo y de haber disfrutado mucho. Tuvimos tiempo para disfrutar en pareja y todos juntos, para reír, bromear, jugar y para vivir muchas aventuras cargadas de anécdotas y sin duda para desconectar. Todos repetiríamos. Así que hasta la próxima.

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5 comentarios sobre “Escapada a Cabo de Gata, Almería

  1. Mi tierra!! 😀 Me alegro muchísimo de que disfrutárais, y qué fotos más bonitas!! Sin duda tenéis que repetir, de allí siempre se vuelve con las pilas cargadas para enfrentarse al día a día^^

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